La hormiga, el pájaro azul y el arte de no hacer ruido:
Es una crítica directa a la voluntad y a la fuerza de lo pequeño. Se puede leer de varias maneras, y precisamente ahí radica su interés: una imagen puede abrir más de una interpretación. Yo encuentro varias desde mi punto de vista de observadora. Es cierto que me fijo en todo y que no me siento cómoda donde prima lo superficial y el afán de protagonismo. El resto ya es conocido.
No me interesa el «quítate tú para ponerme yo». Me siento cercana a la hormiguita: constancia, trabajo silencioso y avanzar sin ruido hasta que hablen los resultados. Sin desmerecer al pájaro azul, observador y facilitador, que abre posibilidades para otros. Esta relación entre ambos, que he creado a través de imágenes con mi pájaro azul, busca simbolizar una observación más amplia sobre el valor de lo discreto y lo visible.
Esto conecta directamente con el mundo literario en el que me muevo, donde unos desmerecen a otros. Ahí no hablo de empatía, sino de su ausencia. Quien tenemos delante puede servirnos de espejo, aunque a veces lo más importante es aprender a mirarnos a nosotros mismos.
Aunque ya pasó el Día del Libro y muchas ferias del libro han concluido o están concluyendo en distintas ciudades españolas, la poesía sigue viva en festivales donde, supuestamente, todavía importa LA PALABRA. Este discurso es común en muchos de ellos: se habla de unión, multiculturalidad y apertura a diferentes públicos… pero la realidad no siempre está a la altura.
No es el primer festival europeo en España en el que, pese a contar con presencia árabe, norteafricana y latinoamericana, la participación visible de poetas subsaharianos o afrodescendientes es prácticamente inexistente. Se proclama la diversidad, pero se percibe una selección deliberada hacia ciertos perfiles, con reparto de protagonismo y egos pesados.
Por honestidad, debo aclarar que generalmente estos festivales invitan a autores con obra publicada en solitario, algo lógico y habitual. Aún no tengo un libro propio —solo participaciones en antologías colectivas en diferentes países—, y soy consciente de que mi trayectoria está todavía en construcción. Creo, además, que una obra única y cuidada puede llegar a tener más valor que publicar constantemente.
Y me mojo un poco con estas observaciones directas que tal vez incomoden, pero con la mano en el pecho y la honestidad por delante: me resulta llamativo que otras voces afrodescendientes con mayor recorrido tampoco encuentren espacio visible en estos escenarios.
No sigo el postureo; prefiero las bambalinas. No necesito fotos constantes ni estar bajo los focos.
Al final, la hormiga sigue su camino con su grano —en este caso, la pluma— a cuestas. El pájaro azul, en un gesto generoso, le ha regalado una de sus plumas para escribir, porque sabe que la hormiga cree en sí misma. Uno se construye desde abajo con constancia, el otro abre el cielo y comparte sus herramientas.
Eso debería ser lo ideal: no solo el acto de un pájaro azul, sino la acción coherente de todo un colectivo. No basta con proclamar diversidad, unión y multiculturalidad; hay que vivirlos de verdad.
Este video-poema es un toque sutil de atención sobre esa tensión… y sobre la belleza serena de saber ocupar el propio lugar.





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